Arte de los Tintoreros

 

El “Arte de los Tintoreros”, importante actividad vinculada al antiguo proceso de producción de tejidos, fue una de las numerosas corporaciones medievales activas en Firenze ( Florencia) a finales del Siglo XIII.

La actividad textil logra el máximo esplendor durante los primeros años del Siglo XIV causado por el intenso crecimiento de las ventas exigentes de tejidos en los mercados continentales, del mejoramiento y racionalización de los procedimientos tecnológicos y del desarrollo de las organizaciones comerciales.

En Firenze, como en otras ciudades italianas y europeas, se trató fundamentalmente de una industria ciudadana capaz de generar fuentes de vida a una buena parte de la población, desde sus mayores exponentes, desde los “laneros”, los maestros de fábrica hasta a la clase de obreros y empleados , los “ administradores “ , que eran obreros especializados , a los aprendices y a los llamados “ciompi”.

Esta actividad se transforma en el sustento, ya sea directo como indirecto de una serie de actividades e iniciativas entre las cuales se encuentran los productores de telas, los transportadores de las materias primas, los constructores de utensilios de trabajo, los comerciantes de telas y tinturas colorantes y así en más.

De acuerdo a esta situación no es de maravillarse que , el “ Arte de la Lana “, capaz de involucrar a una extensa parte de la economía florentina, asuma un peso totalmente significativo como para identificarse con una vasta masa del poder político y contribuir al gobierno de la ciudad.

Fue justamente, al interno de esta organización laboral que, desde el comienzo, tuvo gran significación el “Arte de los Tintoreros”, cuya habilidad y competencia se debió sobretodo a la variedad, a la estabilidad y a la brillantez de las tintas en los tejidos que se trabajaban privadamente en el complejo ciclo productivo.

A los miembros del “Arte de los Tintoreros” aún dependientes económicamente del potente “ Arte de la Lana”, siempre se les negó el reconocimiento de sus autonomía cooperativa no obstante los continuos requerimientos en este sentido, motivados por la importancia de los roles propios en el ciclo de la producción de tejidos.

Desde 1378 en adelante se inician las consecuentes revueltas, los “ tintoreros” lograron dar vida a una organización autónoma que, después de cuatro años , es disuelta por la intervención del poder hostil de los “laneros”.

A finales del siglo XIV la creciente crisis de la producción de la lana reduce también el peso de los “ tintoreros” en la economía ciudadana obligándolos a adaptarse a una nueva realidad de mercado y a trabajar con técnicas y materiales más económicos a fin de evitar altos costos.

En los finales del Siglo XV, al afirmarse el “Arte de la Seda” , la actividad de los tintoreros se pone en práctica ante un nuevo impulso adaptándose a los nuevos procesos productivos; el renacimiento de la actividad en el sucesivo período de desarrollo tecnológico y comercial no es capaz de obtener los ritmos de crecimiento experimentados en los dos siglos precedentes vinculados a la exportación de la lana.

En el breve período de la propia autonomía corporativa el “Arte de los Tintoreros “ logró edificar en el Barrio de Santa Croce ( Santa Cruz) un Hospital que se llamó San Onofrio considerado el protector del arte.

El objetivo de esta iniciativa era el de acoger a los miembros de la corporación que tenían necesidad de curarse, también a sus familias, a las viudas y a los huérfanos. Se anexó al Hospital una Iglesia que se fue enriqueciendo, según la tradición, de frescos de la escuela de Giotto y de mesas de altar muy preciadas.

Sobre la misma calle que se edificó el Hospital llamado “De’ Malcontenti” (“ De los Descontentos” ), en la esquina de la actual calle de la Casina, los “tintoreros” dejaron otro interesante testimonio constituído por un tabernáculo de piedra que contiene un fresco, obra de un alumno anónimo de Niccoló di Pietro Gerini. Es el que representa a la Virgen que tiene en brazos a Jesús con dos ángeles a cada uno de sus lados y a los Santos Pedro y Juan. Sobre un lado del fresco aparece un escudo en piedra representativo del Arte de los tintoreros y por otro lado una plancha de mármol con una inscripción en caracteres góticos hoy ilegible.


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